Nunca pensé que fueran mías. Todas las piezas que hemos ido atesorando, rescatando, preparando, clasificando y en definitiva dejando listas para el futuro pusieron a prueba mi capacidad como su custodio. Un mineral es perfecto, cristalino, cristalizado y estable, fuera de las condiciones que lo originaron, varios cientos de años, incluso con los debidos cuidados y en atmósferas protectoras controladas algunos milenios. Es una pequeña ventana de oportunidad para el conocimiento que no puede quedar supeditada a un domicilio particular.
Por lo que sucede en la vida de uno que aquí escribe, por cosas que no tenía ni remotamente programadas en su línea temporal la colección Espeleomina ha sido donada a los fondos museísticos del Museo de Ciencias de la Tierra, en Alcásser, Valencia, no digo esto con pesar sino con la alegría y el alivio de saber que las piezas estarán, algunas incluso expuestas, otras sencillamente dispuestas para actividades lúdicas y fondo de reposición. La labor de Rafa Muñoz y todo el equipo del Museo es encomiable así como la diligencia en acudir al rescate de la colección.
Cierro esta etapa de mi vida sabiendo que es un mundo apasionante y con una idea muy clara, más aun si cabe, de lo que tiene que ser un ejemplar de colección. Sin importar el tamaño, con una presentación mínimamente solvente en cajita 4x4 o peana la etiqueta ha de ser exquisita, rica en detalles ya no tanto del mineral en cuestión pues eso siempre puede determinarse a posteriori pero siempre con la localización exacta de extracción y algo que quizás no hemos prestado la debida atención, la fecha exacta de recuperación del ejemplar. Por suerte la horquilla de actividad de espeleomina fue entre los años 2007 y 2017, una década dedicados a extraer de canteras y taludes ejemplares. Todos dispuestos a ser pulvurados. La cantidad de cajas bien organizadas y etiquetadas junto con los intercambios de compañeros de profesión han dejado un legado que perdurará algunos años como un eco de conocimiento de nuestra tierra, tan insospechadamente rica en singularidades geológicas como es el keuper de la comunidad valenciana. Guardaré durante algunos años más un pequeño cuadro que decorará las estancias de los lugares que habite durante esta segunda parte de mi vida y que me dirán de qué tierra vengo.
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